Por qué la cena decide cómo recuperas
Mientras duermes, el cuerpo no descansa de verdad — repara el tejido muscular dañado por el entrenamiento, repone glucógeno y consolida las adaptaciones de fuerza que buscas. Ese proceso, la síntesis de proteína muscular, necesita materia prima disponible en sangre durante las horas de sueño.
Por eso la cena no debería ser la comida "de sobras" del día. Debe aportar suficiente proteína (35-45 g), carbohidratos moderados que no interfieran con el descanso, y grasas saludables que favorecen la producción hormonal nocturna. Nada de comidas copiosas justo antes de acostarte, pero tampoco cenas simbólicas de lechuga sola.
Nota del coach: deja 2-3 horas entre la cena y la hora de dormir siempre que puedas. La digestión activa no es enemiga del sueño, pero comer muy pesado o muy tarde sí afecta a la calidad del descanso — y el descanso es donde realmente construyes músculo.